jueves, agosto 17, 2006

El Emperador caminó por La Habana

Yimel Díaz Malmierca
Este caluroso verano ha traido agradables sorpresas a La Habana. Una de ellas fue la XI edición del Festival del Cine Francés.
Los cinéfilos se dieron gusto con varios de los 19 filmes proyectados gracias al Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematograficos, a la Embajada de Francia en Cuba y a la Alianza Francesa, institución cultural ubicada en la capital cubana
Pero entre las obras que tuvimos oportunidad de disfrutar hubo un conmovedor documental, La marcha del Emperador (March of the penguins), de Luc Jacquet, que ha integrado ese archivo personalísimo de imágenes que cada uno de nosotros lleva consigo.
La crítica ha asegurado que La Marcha… es un éxito de taquilla. Fue nominada a cuatro premios César y ganó en la categoría de mejor sonido. Obtuvo además el Oscar al mejor documental de largometraje y varias candidaturas en otros eventos.
Pero este aval por sí solo no refleja la hermosura y exquisita factura de una historia de amor basada en los pingüinos emperadores, una especie de aves que vive en el mar y no vuela, camina.
Aunque en La marcha… se aprecia un absoluto respeto por la ciencia que estudia la Antártida y las especies biológicas que habitan el punto más inhóspito del planeta, sus realizadores consiguen escapar del molde didáctico a lo Nacional Geographic gracias al bien logrado trabajo artístico de los tres elementos imprescindibles al mundo audiovisual: la fotografía, la escasa luz natural de esta región es explotada en todas sus potencialidades incluso bajo el mar; el guión, cargado de lirismo, suspenso y dramatismo; y la música, instrumental compuesto por Alex Wurman para la ocasión que entra y sale de la historia para robarse el protagonismo más de una vez.
La marcha de los pingüinos es ciertamente una historia de amor, como dice en algún momento el narrador. Es un canto al amor monógamo entre aves que caminan varias veces al año una ruta de más de 70 millas para concebir, empollar y cuidar a su descendencia. Es una loa a la paternidad que no repara sacrificios ni ayunos para cuidar a sus polluelos. Y es también un grito al mejoramiento humano.

Interactivo: música pá gozar

Yimel Díaz Malmierca
A cinco años de aquel primer concierto en plena calle en la capitalina barriada de Pogolotti, el grupo Interactivo, dirigido por el pianista Roberto Carcacés, ganó el Gran Premio Cubadisco 2006 y también en las categorías de Fusión y Ópera Prima con su disco Goza Pepillo.
Quizás algunos piensen que el reconocimiento le ha llegado temprano a esta agrupación donde el promedio de edad ronda los 30 años, pero quienes los hayan escuchado coincidirán conmigo en que tantos premios no son una regalía.
Interactivo ha conseguido conjugar a más que talentosos, virtuosos, cuya obra ratifica que en Cuba la creación musical es inagotable, entre ellos figuran Yusa (voz, bajo, guitarra, tres), Telmary Díaz (voz rapera), Francis del Río (voz y programación), William Vivanco (voz y guitarra), Elmer Ferrer (guitarra eléctrica), Julio Padrón (trompeta) y “muchos, muchos más”, como ellos mismos dicen.
“La idea Interactivo viene con nosotros hace varios años ¯aseguró Roberto¯ y se basa en la libertad de cada uno para entrar y salir del proyecto cuando lo deseemos. Aquí están todos los que tengan algo que decir musicalmente. Yo soy el director, no el líder como algunos me han llamado. Interactivo tiene muchos líderes que se ponen en función de lo que estamos haciendo”.
No hay dudas de que esa es la fuente donde bebe el grupo, la experiencia individual de cada uno puesta en función del conjunto.
En Goza Pepillo queda claro el compromiso con la música y el entorno social de los tiempos que corren. La preocupación por fusionar distintos ritmos y géneros tomando la música cubana como punto de salida y regreso está presente en los 14 temas del disco, así como la búsqueda de lo novedoso, lo singular, con frescura y energía.
“Hacemos música para que la gente goce, se divierta y baile", define el director.
La circunstancia de que en el 2006 el Gran Premio Cubadisco se haya entregado a la ópera prima de Interactivo y, en igualdad de condiciones, a uno de los músicos cubanos más prestigiosos, el Maestro Chucho Valdés (CD Cancionero cubano), es una señal de que la música cubana no vive de sus glorias, sino que las renueva cada día.

Luthiers, oficio de artistas

Yimel Díaz Malmierca
Quien visita la Fábrica de Instrumentos Musicales Fernando queda con la sensación de haber develado un secreto. No es que aprenda uno el arte hacer sonar el cedro, la caoba, la majagua, el palo de Brasil, el palisandro y otras maderas preciosas con la simple observación de un día de trabajo, sino que la mística que rodea la factura de guitarras y tambores se colorea entonces con los matices de un oficio de artista
Pero este viejo oficio, para suerte o desdicha de los cubanos, dejó hace mucho tiempo de ser patrimonio familiar y preservó para sí la tradición de transmitir su sapiencia oralmente. El interesado en hacer un instrumento musical no encuentra las respuestas en los libros sino en el taller, al pie del maestro, y luego en la prueba de fuego, en el encuentro con los músicos que prueban el sonido.
Quién sabe si fue el ego de algunos de los trabajadores de esta fábrica, conocedores de que dominan un arte imprescindible en la Isla de la Música, lo que salvó del naufragio a la Fernando Ortiz en el la profunda depresión económica vivida por en la Isla a comienzos de la década de 1990. Con materias primas incosteables y producciones casi inexistentes, solo unos pocos obreros se quedaron, pero ellos bastaron para el resurgir de la fábrica ocurrido a inicios de este Siglo.
De sus talleres salen hoy diferentes tipos de tumbadoras, tambores batá, bongoes, claves, maracas, cencerros, marímbulas, guitarras, treses, laúdes, requintos y planean producir un modelo baby bajo con maderas preciosas cubanas.
Los instrumentos Aé ―marca comercial― tienen sus destinos principales en las escuelas de instructores de arte y de enseñanza artística de todo el país, en las casas de cultura y en los músicos profesionales. En pequeñas cantidades también son comercializados a través de las tiendas especializadas de ARTEX y EGREM. Ocasionalmente asumen reparaciones y ventas de instrumentos a otras instituciones.
Los luthiers
Luego de tres cursos de capacitación para constructores integrales de instrumentos musicales, los directivos de la Fábrica saben que ese es el camino para conseguir el personal especializado que necesitan: crearlos ellos mismos.
“El trabajo que hacemos aquí no se estudia en ninguna otra parte”, asegura Manuel Salazar, jefe de la brigada de percusión quien acumula 20 años en la fábrica.
“Llegué con 16, recién graduado de ebanista, pero el oficio lo aprendí aquí, con los más viejos, y ahora enseño a los nuevos. No sé de música, ni sé bailar, pero mi mayor alegría es ver un instrumento terminado y oírlo sonar”, asegura.
Mientras que en el taller de percusión destacan las ruidosas y peligrosas maquinarias que devastan la madera hasta darle la redondez perfecta a las duelas y demás partes que componen las tumbadoras y batás; en el de cuerdas solo se oye el murmullo de quienes van construyendo el misterio sonoro de las guitarras.
“Ningún instrumento suena igual a otro”, asegurara Everardo Ayala, quien a pesar de su juventud es presentado como uno de los luthiers de la fábrica: “Luthier es una categoría que te dan los músicos cuando reconocen tu trabajo, pero no está avalada por un título ni mucho menos. Tampoco representa mayor remuneración pues a partir de la última reforma salarial todos los obreros ganamos igual”, comenta.
“Cuando vine a la fabrica por primera vez llevaba año y medio recuperándome de un accidente que me alejó de mi afición a la pelota toda mi vida anterior. Aquí empecé una nueva etapa y descubrí un oficio que me gusta”, asegura mientras acaricia una guitarra.
Luego de 10 años de trabajo, conoce al dedillo cada parte del instrumento, las más de 800 operaciones de su fabricación y la madera perfecta para que la sonoridad sea la apropiada.
“La parte más importante de una guitarra es la tapa con sus barras armónicas, sus cadenas, sus refuerzos de boca…Todas las piezas que llevan estos instrumentos de cuerdas (guitarra, tres, laúd y requinto) son de madera, salvo las manijas, las cuerdas y el traste que marca las escalas”, dice Everardo.
Damaris Morales es otra de las veteranas. Luego de 21 años reconoce que su trabajo preferido es fabricar tres y laúd personalizados, construirlos de principio a fin y dejarles una impronta artística que va más allá del diseño del cabo o la pegatina con su nombre.
“El constructor de instrumentos musicales tiene que estar en comunicación directa con los músicos, sus opiniones son imprescindibles. Mi experiencia me ha enseñado que el instrumento perfecto no existe y siempre tengo la esperanza de que el próximo me quede mejor”, asegura.
¿Existe la guitarra cubana?
Dos son las obsesiones de los más de 100 trabajadores de la Fernando Ortiz: recuperar la guitarra cubana de concierto y disminuir el costo de producción de las guitarras clásicas.
Con no poca añoranza hablan los más viejos de la antigua guitarra cubana de concierto o gran maestro, pero todos coinciden en que exige costosas materias primas y habilidades de fabricantes cultivadas durante años. Esto pospone su realización un tiempo más.
Pero con respecto a los costos, el subdirector técnico productivo, Roberto Pedraza, explicó que la factura de la guitarra clásica actual consume unos 28 dólares cada una. En ella se emplea un tipo de madera preciosa contrachapada para la tapa que encarece considerablemente el instrumento. Alguien habló de retomar la vieja tradición cubana de hacerla con madera cubana maciza y luego de las imprescindibles pruebas de calidad, decidieron introducirla en las producciones habituales.
Aunque los estudios económicos no están concluidos, aseguran que el costo de la guitarra cubana podrá bajar de los 20 dólares, reorientando incluso los gastos hacia otros insumos que podrían mejorarle el “maquillaje final”:
“La mayoría de los músicos que han probado nuestra guitarra elogian su calidad, asegura Pedraza, pero le critican su terminación, “le falta vista”, nos dicen; es por eso decidimos abaratar el proceso productivo de manera que sin afectar la sonoridad que la distingue, podamos incrementar los gastos en barnices, cuerdas y clavijeros que son importados.